Eróticas y embarazos

Acercarse a los hombres y las mujeres desde el Hecho Sexual Humano supone entender que somos sujetos sexuados en relación y lo somos a lo largo de toda nuestra biografía y en cada una de nuestras experiencias significativas. Entre las muchas existentes, hoy destacamos una: el embarazo.

Sin embargo, observamos que el escaso interés existente, en los circuitos profesionales que se ocupan del embarazo, por los proyectos biográficos de los sujetos sexuados, ha producido su invisibilización casi total. Al punto de poder describirlo como que el árbol de la gestación impide ver el bosque de los sujetos sexuados en sus proyectos procreativos.

Donde pareciera que el interés central durante un embarazo se encuentra dentro cuando vemos constantemente que la mayor parte está fuera o, mejor dicho, alrededor. Lo cual resulta un tanto chocante puesto que es por ser sexuados que los sujetos pueden elaborar precisamente estos proyectos.

Por ello destacamos los embarazos y el hecho de que introducen una serie de elementos propios, particulares y novedosos tanto para la mujer gestante como para su pareja, en el caso de que la haya y, en cualquier caso, en su entorno.

Elementos que acostumbran a ir desde la propia percepción y vivencia de la mujer o el hombre que se es, hasta la reelaboración de sus proyectos de vida para la realización sexual, pasando casi siempre por el tipo, expresión y gestión de sus deseos.

Formulado de diversas maneras en los relatos de sus experiencias, vamos viendo que en estas cuestiones se repiten, como decimos, tanto en la mujer gestante como en el hombre o la mujer acompañante.

El progresivo, burdo y tendencioso uso del término erótico como mero sinónimo de excitaciones o placeres (y no como su significado principal de búsqueda y anhelo del otro) ha generado no pocas confusiones y contradicciones en las mujeres y hombres que se han visto inmersos en un proceso de gestación.

¿Cómo decir, sin rubor alguno, que lo erótico en el embarazo se desdibuja, descuida, dificulta o minimiza cuando para muchas mujeres y hombres significa precisamente la materialización más clara y explícita de la búsqueda y anhelo del otro?

Distinto es que se puedan producir alteraciones en deseos, placeres, excitaciones, etc. Algo que tampoco es de extrañar pues ¿acaso no hay cambios también en agendas, ritmos, pensamientos, actividades, expectativas, emociones, aspectos que se priorizan, dietas, conversaciones y trato con las familias, amistades, etc.? A los elementos propios, particulares y novedosos antes señalados, habría que añadir estos otros: múltiples y diversos.

Como distinto es, haciendo explícito lo que implícitamente se suele querer decir a veces con el eufemismo “erótico”, que se puedan producir alteraciones en el follar y su habitual retahíla de frecuencias, ganas, posturas, lugares, etc.

Y es que, cuando el discurso está enmarcado en “follar por prescripción” (donde sólo importa follar mucho, bien y con muchas ganas) obviamente el embarazo puede presentarse como un obstáculo para ello. Igual sucede con una enfermedad, un accidente, la misma timidez o la baja autoestima (y donde estos discursos curiosamente llegan a decir cosas muy, muy similares).

Abordar la experiencia erótica (de búsqueda y anhelo del otro, con las consecuencias que se desprenden de ello) en las mujeres gestantes y sus parejas acompañantes es acercarse a conocer de qué manera este embarazo introduce elementos únicos y singulares en la vivencia de sus deseos.

Abriendo la mirada a observar las posibilidades que dicho embarazo brinda en el encuentro con el otro y cómo se incorpora la gestación, el cuerpo embarazado propio y ajeno, al deseo de ella, al de su pareja.

Si nos planteamos cada uno de estos ingredientes únicos que el embarazo acostumbra a aportar a la realidad de las mujeres y hombres protagonistas del proceso, tal vez estemos en disposición de poder descubrir toda una serie de matices en la vivencia real de esos deseos hacia y desde el otro, de esos hombres y mujeres en relación.

Como dice Amezúa:

Como sujetos sexuados somos sujetos deseados y deseantes. Y eso nos constituye en sujetos de relación. Por eso los deseos son importantes.

(Sexologemas, 2006, p. 136)

Así que sobre los embarazos, como sobre tantas otras cuestiones relacionadas con la experiencia sexuada, erótica y relacional de hombres y mujeres, invitamos a que se hable/escriba menos de lo que les pasa o tienen que hacer, y se pregunte y escuche más a quienes verdaderamente son protagonistas de dicho proceso: los sujetos sexuados en relación.

Tal vez así logremos que se problematice menos y se comprenda más. Porque, durante el embarazo, lejos de estar ausente, la Erótica acostumbra a estar, si cabe, más presente.

Miriam Sobrino Olmedo (sexóloga y matrona)

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Acerca de Miriam Sobrino Olmedo

Sexóloga y matrona, coordinadora del área "de pareja a familia: acompañamiento sexológico en los procesos de gestación, reprodución asistida, adopción y crianza", en el Centro Sexológico Sexorum
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