Una sexualidad jubilosa

Para nuestro trabajo acompañando procesos de crecimiento erótico con adultos en los Talleres de Ternura nos enriquece, cada vez más, observar las maneras de vivirse y expresarse de dos franjas de edad cuya erótica queda excluida del reconocimiento social: los niños y los mayores. De quienes, cada vez nos parece más, podemos aprender mucho.

Me gustaría compartir aquí unas reflexiones sobre la sexualidad y la erótica de las personas mayores en esta sociedad en la que vivimos.

Nuestra sociedad impone un modelo estético, un prototipo de cuerpo que no existe, un cuerpo juvenil, sin mácula, sin arrugas, un cuerpo virtual, irreal. Nos impone una manera de encontrarse en el placer, el modelo de la cópula, que nos marca un guión, que nos indica a dónde hay que llegar, que convierte el placer en una cuestión de productividad, de cantidad, de objetivos que cumplir.

Sin embargo, la vivencia gozosa de nuestra sexualidad, de nuestra erótica, se hace posible sólo cuando comprendemos que no hay cuerpo más bello, más maravilloso, que el mío; pues mi cuerpo es el único con el que yo puedo sentir, gozar, expresarme, encontrarme con el otro. Que la vivencia del placer es una experiencia subjetiva, que el placer no es la meta, sino el caminar. Que lo que posibilita el encuentro no es el hecho de cumplir, sino las ganas de compartir.

Quizás cuando nos hacemos mayores, cuando nos vamos haciendo viejos, cuando entendemos la fugacidad de la vida y por lo tanto la constatación de que el único momento que existe es el presente, con la experiencia esculpida en cada arruga de nuestra piel, con la sabiduría de todo lo vivido, con la serenidad que nos posibilita el no “tener que” ser productivos, con la tranquilidad de no tener prisas… quizás, entonces, podamos vivir verdaderamente una sexualidad jubilosa.

Aingeru Mayor

(Versión adaptada del post publicado en Emeki, 14 de mayo de 2012)

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Acerca de Aingeru Mayor

Sexólogo; responsable del proyecto Emeki Taller de Ternura junto a Olatz Marcos; formado en la Escuela Sexólogica Sustraia con Carlos Menéndez y en el Instituto de Sexologia Incisex.
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4 respuestas a Una sexualidad jubilosa

  1. libelia dijo:

    Creo que has dado en la clave: el reconocimiento y la aceptación del propio cuerpo tal y como es, sin complejos, sin miedo a mostrarlo y con la certeza de que es el vehículo perfecto para encontrarse con el otro. También en que hay que olvidar objetivos o finales, que por cumplirse o no pueden generar frustraciones, sino centrarse en cada momento del encuentro como único e irrepetible, No olvidemos que sólo existe el ahora, el instante en que se está.

  2. Antonio Manzanedo Martínez dijo:

    También es verdad que, una vez superados los tópicos y las inhibiciones, suponiendo que la edad avanzada te permite tomar la relación sexual con tiempo y, por tanto, con más componentes afectivas y ternura, hay un descenso de la libido inevitable. En ocasiones todo el juego erótico aparece como algo ridículo. La capacidad genital parece resuelta, afortunadamente, pero ¿Quién resuelve la caída del deseo?

  3. Hola Antonio,
    es curioso lo importante que es qué palabras usamos y con qué significado. De hecho en este blog es uno de los temas que se abordan una y otra vez, sobre todo sobre el mal uso de la terminología para hablar de cuestiones referentes al Hecho Sexual Humano.
    ¿De qué hablamos cuando hablamos de libido? ¿De qué hablamos cuando hablamos de deseo?
    Y es curioso porque cuando se habla de “perdida de deseo” de lo que se está hablando es de “perdida de deseo de follar”. Y yo me planteo si este “deseo de follar” es más un deseo o un mandato social.
    Y por supuesto es falso que cuando avanza la edad el deseo erótico se pierde. El deseo erótico, es decir, el deseo del otro, el deseo del encuentro con el otro.
    Lo mismo que no se pierden las ganas de ser placenteros, de sentirse a gusto, de gozar, de estar bien. Siendo, por supuesto, diferente la manera de ser placentero para cada quien. A solas o en el encuentro con el otro. Y para unos ese goce estará en acariciarse, o en acariciar, o en ser acariciado, en abrazar, en ser abrazado, en besarse, en mirar, en ser mirado, en sentir excitaciones, en relajarse… para algunos incluso en follar. Porque las maneras de ser placentero de cada mujer y de cada hombre son diferentes. Lo mismo que, para cada hombre, para cada mujer, son diferentes en las diferentes etapas de su vida. Porque cada día son diferentes.
    Para terminar, me gustaría añadir que el deseo no es algo que viene y se va, algo que se pierde o se encuentra.
    El deseo, en todo caso, es algo que se cultiva.
    Un abrazo.

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