Solo los adoquines son consistentes

biografia sexual

La mujer que fui ayer me presentó a la mujer que soy hoy; lo que me hace estar muy emocionada por conocer a la mujer en la que me convertiré mañana.

Un día escuché a Antonio Guijarro, humanista, citar una frase de Unamuno: Solo los adoquines son consistentes.

La lucidez de esas cinco palabras fue una primera sensación de que, a través de estos dos hombres, Antonio Guijarro y Efigenio Amezúa, encontraría lugares comunes y de gran interés, que me ayudarían a comprender algunas cosas que tenían que ver con el hecho sexual humano.

Historia, biografía, proceso, movimiento, cambio, evolución…

Bajo la expresión de historicidad se nombra a todo aquel asunto, cosa o persona que presenta calidad de ser histórico, es decir, relativo o parte de la historia.

Los sujetos sexuados no pueden concebirse al margen de la historia, de su historia de vida vivida. La noción de biografía no solo da cuenta de ello sino que permite conceptualizarlos y entenderlos como parte de un proceso.

Biografía, cambio y movimiento de los sujetos sexuados frente a la perdurabilidad e invariabilidad de lo supuestamente común, natural e inherente. Dos planos que nos colocan en sitios contrapuestos, dos paradigmas, dos maneras de ver y comprender a los sujetos.

En este sentido recojo la cita de Amezúa en “El sexo: historia de una idea“:

Frente a la naturaleza dada, la historia de los sujetos se hace. Ese ha sido el cambio: el mayor cambio. Y la biografía de los sujetos hace que estos sean comprensibles y se organicen entre sí como sujetos sexuados.

Desde el hecho sexual humano nos manejamos con seis conceptos que nos presentan una manera muy concreta de entender a los sujetos. Es la apuesta de la sexología, de esta sexología. Un marco de comprensión para los sexos: sexuación, sexualidad, erótica, ars amandi, pareja y procreación se presentan como los grandes conceptos, atravesados por los modos, los matices y las peculiaridades que nos señalan los sucesivos planos de individuación de los sujetos. Su mayor grado de concreción: tú, yo, ése y nadie más.

Los sujetos no pueden entenderse fuera de lo biográfico. Tampoco ninguno de estos conceptos. Esta noción de biografía es la que nos permite dar un sentido y una coherencia a nuestra experiencia singular de hombres y mujeres. Cuando nos quedamos al margen de la biografía es cuando dejamos la puerta abierta a que posibles malestares aparezcan.

La mujer que era, la mujer que soy y que va siendo, la mujer que seré…
Cómo me sentía con relación a la que era, como me siento con ésta que voy siendo…
Lo que deseaba, cómo lo gestionaba, cuál era esa expresión erótica, de qué manera se manifiesta hoy…
La pareja qué éramos, la que somos hoy, la manera en que nos organizábamos, cómo cambias tú en mi mirada, cómo lo hago yo en la tuya, los proyectos que teníamos, los planes que están, los que han desaparecido….

En ocasiones, escuchamos expresiones del estilo: Ya no soy el de antes; no eres el entonces; has cambiado; no me quieres de la misma manera; desde que tuvimos los niños; desde que estas en paro; ahora que te has jubilado; desde que me diagnosticaron la enfermedad; antes me decías; antes me pedías; antes solíamos hacer….

¡Antes, antes, antes!

Parece que nos hayamos quedado con una imagen fuera del tiempo, una experiencia congelada, fuera de lo biográfico y, desde ahí, la tomásemos como patrón para medir lo que tiene que ser, lo que debería estar.

Olvidamos que la que soy, el otro, la pareja, los deseos, cómo nos amamos, nuestros proyectos… son en un tiempo dentro de la biografía y no puede ser ajeno a ésta ni a ellos. Algunos de estos cambios nos pueden inquietar, desconcertar, traernos interrogantes, dudas…

Podría ser interesante no tratar de evitarlos. Tampoco de obviarlos. No traducirlos automáticamente en malestares para los sujetos, que no se interpretaran como algo necesariamente negativo o entorpecedor.

Que pudiéramos conceptualizar los cambios como lo que son: parte de un proceso inherente al movimiento sin el cual es imposible dibujar el recorrido de los sujetos sexuados.

Aunque sabemos que no sobran los intentos de luchar contra el cambio, generando en ocasiones algunos desajustes en mujeres y hombres. Me refiero a algunas ideas, mejor dicho afirmaciones, en forma de eslogan para vender algo:
Cómo hacer que vuelva la pasión (de antes)
Cómo recuperar a esa mujer que eras (antes) y está enterrada
Cómo volver a sentirte enamorada (como antes)
Cómo retomar aquel proyecto que tanto te ilusionaba (antes)

¡Antes, antes, antes!

Termino citando de nuevo a Amezúa en un intento de subrayar aún más la torpeza de quienes no ven a los sujetos desde quiénes son y donde se encuentran:

Se inculca el deber: la idea de lo que debe ser y cómo debe hacerse. Pero se juega con no revelar un secreto, por cierto, un secreto a voces: adoctrinados para cumplir con los deberes de la normalidad, se olvida que lo que se busca en el coito es un encuentro de deseos
(E. Amezúa, Sexologemas: cuando los genitalia no dejan ver el sexo).

Cambia, todo cambia… como canta Mercedes Sosa:

Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

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Acerca de Miriam Sobrino Olmedo

Sexóloga y matrona, coordinadora del área "de pareja a familia: acompañamiento sexológico en los procesos de gestación, reprodución asistida, adopción y crianza", en el Centro Sexológico Sexorum
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