Infancia, familia y (tran)sexualidad

Dibujos Chrysallis“Infancia, familia y (tran)sexualidad” es la ampliación del texto publicado el 26/10/2014 en la edición impresa de El Mundo y cuya versión electrónica puede consultarse en este enlace de la página web de Chrysallis (Asociación de familias de menores transexuales). Espacio que te invitamos a visitar para conocer un poco más, y sobre todo de primera mano, esta realidad. 

Un embarazo, tanto si es deseado como si no, cuando es planeado o inesperado, acostumbra a ser un suceso de gran relevancia en las biografías de las mujeres y hombres que de manera directa e indirecta están implicados. Mayor relevancia, si cabe, cuando se trata del primero pues, llevado a término, se convierte en una de las vías que se toma como punto de partida para la constitución de una nueva unidad familiar.

La cosa es que a lo largo de este proceso de gestación, a veces incluso antes, mucha gente suele preguntarse ¿será niño o niña? De igual manera sucederá con la gente de su entorno que, con mayor o menor frecuencia, suele coincidir en esa pregunta puesto que, en la actualidad y gracias a los adelantos tecnológicos, quien así lo quiera puede obtener una respuesta con la ecografía del segundo trimestre. Tal vez por ello tampoco son infrecuentes las sorpresas e incluso aparentes molestias o incomodidades cuando la respuesta es pues no lo sé o no lo sabemos.

Sin embargo, convendría matizar alguna cosa con respecto a esa respuesta. Por ejemplo, que la ecografía sólo puede mostrarnos, para lo que aquí nos ocupa, la forma que van adquiriendo los genitales externos. Es decir que, al igual que sucedía hace milenios con nuestros ancestros, tendemos a mirar al mismo sitio y buscar la misma información, con la “gran” diferencia, eso sí, de que ahora la podemos conocer un poco antes.

También que sentirse de un sexo, incluso más de uno que de otro, no se ve en el momento del nacimiento sino que necesita algo más de tiempo para expresarse y, por lo tanto, para que el resto conozcamos esa información.

Hasta donde vamos comprendiendo, este comienzo se produce cuando uno va tomando conciencia de sí mismo y va realizando sus propios procesos de identificación y diferenciación en relación al resto de semejantes.

Lo cual se va tornando más explícito en la medida que se desarrolla su capacidad de nombrarse y explicarse frente a los demás e incluso de poder corregir al otro cuando perciben que se equivoca. Es decir, que el principio del camino en la esfera pública es empezar a hablar nombrando las cosas y a las personas de su alrededor.

Sin embargo, en el transcurso del tiempo que va desde el nacimiento (o ecografía, si se realizó) hasta este momento, el resto ya ha hecho su particular apuesta y en unos espacios tan distintos como son lo familiar, lo legal o lo administrativo, entre otros.

Una apuesta que se ha realizado desde una idea falseada de sexo y que provoca que quienes nos rodean nos piensen como niñas si tenemos vulva o como niños si tenemos pene con escroto cerrado.

Sin entrar en los momentos en los que los genitales no están claramente delimitados (que no es sino una particularidad más de esta cuestión), lo cierto es que, con intención o sin ella, desde esa idea se ha determinado nuestra identidad sexuada basándose únicamente en la configuración de nuestros genitales externos.

Y, pese a ser un indicador que acierta en un porcentaje muy elevado de veces, sucede que acertar y determinar son verbos muy distintos. No es lo mismo aplicar uno u otro pues acarrean consecuencias antagónicas para el sujeto y su entorno.

Cuando llega el momento de las preguntas y explicaciones, en el conjunto de la población se suele subrayar esta idea falseada de sexo diciendo: tú eres un niño porque tienes pene; tú eres una niña porque tienes vulva, mezclando así lo que se tiene con lo que se siente ser. Confundiendo los genitales con el sexo, el árbol con el bosque o la parte con el todo.

Sucede que no se suele ser consciente de esta confusión hasta que no se para alguien frente a nosotros y nos trata de decir como mejor puede o sabe: Oye, que igual no te has dado cuenta pero que yo soy una niña con pene; que soy un niño con vulva.

A partir de ese momento es cuando básicamente se pueden elegir una de dos opciones principales sobre la que pivotar el conjunto de acciones: insistir en que la vivencia subjetiva que tienen de sí mismos es errónea o asumir que fallamos la apuesta y que nos toca entender que el verbo era acertar y no determinar.

Con la primera opción, no conseguiremos que cambien lo que sienten ser y sí provocaremos su malestar, en ocasiones, hasta su último límite. Los relatos de historias de vida transitadas por aquí evidencian esto con demasiada contundencia.

Con la segunda, podrán contar con nuestro apoyo en unos procesos de vida que no suelen resultar simples, menos aún, fáciles o tranquilos pero que, en compañía, están demostrando que resultan infinitamente más enriquecedores para todos.

Esta última es la opción de las familias que están en Chrysallis o su periferia. Familias que han escogido la vía del apoyo y acompañamiento, organizándose desde lo que sus hijos e hijas les dicen que sienten ser. Familias que se dejan la piel, la voz y el bolsillo en facilitarles herramientas que les permitan ser, estar y entender el mundo que les rodea.

A estas familias, sus hijos e hijas un día les dijeron que no habían acertado y eso movió el suelo bajo sus pies. Tras el desconcierto y la sorpresa inicial, van buscando las maneras que les permiten rectificar el desacierto inicial. En medio de esta búsqueda, es fácil oírles hablar de la felicidad que inundó a sus hijos e hijas desde que empezaron a transitar juntos. Toda una lección, gracias.

Almudena Herranz Roldán y Samuel Díez Arrese

Referencias:
Amezúa, E. (2001). Educación de los sexos. La letra pequeña de la educación sexual. Revista española de sexología, 107-108, Madrid: Instituto de sexología Incisex.
– (2006): Sexologemas: cuando los genitalia no dejan ver el sexo. Revista española de sexología, 135-136, Madrid: Instituto de sexología Incisex.
Goffman, E. (2006). Estigma: la identidad deteriorada. Buenos Aires – Madrid: Amorrortu. (Original 1963).
Landarroitajauregi, J. (2000). Términos, conceptos y reflexiones para una comprensión sexológica de la transexualidad. Anuario de Sexología, 6, 79-126, Valladolid: AEPS.
– (2007). Sexorum scientia vulgata. Revista española de sexología, 139-140, Madrid: Instituto de sexología Incisex.

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Acerca de Almudena Herranz

Profesora del Máster en Sexología del Instituto de Sexología Incisex y la Universidad de Alcalá de Henares. Co-coordinadora del programa de Sexología Avanzada. Co-fundadora del Centro Sexológico SEXORUM, cooperativa de iniciativa social. Responsable del área de investigacióny formación. http://www.sexorum.org/ ; http://www.sexologiaenincisex.com/ ; https://sexologiaenredessociales.wordpress.com/ ; Contacto: aherranz@sexorum.org
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