Intersexualidad y transexualidad: efectos, trampas y posibilidades

Almudena Herranz, II Encuentro Chrysallis

Ponencia de Almudena Herranz, sexóloga. Presenta: Natalia Aventín, presidenta de Chrysallis. II Encuentro estatal de Chrysallis (Asociación de Familias de menores transexuales). 18 de octubre, 2014.

El presente texto es la versión ampliada y adaptada para sexología en redes sociales de la segunda parte de la ponencia realizada por Almudena Herranz en el marco del II Encuentro estatal de Chrysallis (Asociación de familias de menores transexuales).

En la primera parte de esta ponencia, titulada “Isomorfismo, dimorfismo e intersexualidad, a propósito de las identidades sexuadas“, se hacía un breve repaso a la historia de las ideas que habían tratado de explicar la existencia de hombres y mujeres. Concluía con una de ellas, la Intersexualidad, sobre la que se decía que era capaz de explicar muchas cosas. Por ejemplo, y para lo que ahora nos ocupa, la enorme diversidad en las formas y modos de ser de cada sujeto sexuado al ser el resultado de una combinación única y peculiar de rasgos femeninos Y masculinos. Se hablaba así del “efecto Y”.

Con ello, se hacía referencia a que tanto lo femenino como lo masculino forman parte siempre de cada individuo, en diferente grado y cantidad para cada sujeto, y que eso es precisamente lo que produce la enorme variedad de maneras de ser y estar en el mundo de mujeres y hombres. Que ya no hay una O disyuntiva, con sus fronteras, territorios y exclusividades, sino una Y copulativa, con sus convivencias, complicidades y compa(r)tibilidades.

Los efectos

Todo esto tendrá grandes efectos. Por ejemplo, rompe con la asociación de femenino como propio de mujer y masculino como propio de hombre, en tanto que en cada mujer y en cada hombre coexisten rasgos femeninos y masculinos. Lo que nos libera de la tiranía genital al abandonar el esquema del locus genitalis pues, entre otras muchas consecuencias, deja de ser el pene con el escroto fusionado lo que hace a un hombre y la vulva con clítoris proporcionado lo que hace a una mujer.

En otras palabras, una vulva, una falda, abundancia de vello facial, la espalda ancha, los pies grandes, la voz aguda, la mandíbula ancha, enamorarte de un hombre…. Todas estas cosas y mil más que no caben aquí serán de mujer si están presentes en una mujer y de hombre si lo están en un hombre.

Y esto se hace posible porque no somos de Venus o de Marte sino que estamos hechos de lo mismo, a través del mismo proceso de sexuación, y cada cual con su particular proporción y combinación. En otra publicación, con el título de “el sexo contrario produce sexos contrariados”, nos preguntábamos:

sexo contrario¿Qué es lo contrario a una piedra? ¿Otra piedra? ¿Cómo decir que lo contrario o lo opuesto a un hombre es una mujer, o viceversa, cuando realmente es lo más similar? ¿No será una manera de seguir alimentando la construcción del otro como extraño, opuesto, o incluso enemigo? A un sexo del otro no lo separa un abismo (o un planeta) sino que los une un continuo: el continuo de los sexos.

Un proceso que nos va haciendo poco a poco (devenir, también se ha dicho) las mujeres y los hombres que somos. Proceso que no termina mientras sigamos existiendo. Que, en este devenir sexuado biográfico, nos permite ser muchos hombres y muchas mujeres, similares a lo que fuimos en su día en muchas cosas y diferentes en otras tantas.

En “solo los adoquines son consistentes” se decía:

La mujer que fui ayer me presentó a la mujer que soy hoy; lo que me hace estar muy emocionada por conocer a la mujer en la que me convertiré mañana.

Un proceso que genera una combinación única y peculiar de rasgos sexuados. Los míos y de nadie más, los que me hacen la mujer que soy y no otra. Los que me hacen única, peculiar e irrepetible.

Esta es otra de las consecuencias de este “efecto Y” de la intersexualidad: no hay rasgos que no sean propios del sujeto que los tiene, que es similar a decir que no hay “rasgos prestados”. Lo que sí hay son muchas posibilidades de ser, que vamos descubriendo como propias o como ajenas. Que podrán ser más o menos auténticas y coherentes con mi propia idiosincrasia pero que no serán mejores ni peores en el hecho de su existencia.

Por ello no es extraño que en un momento dado pueda disimular algunos rasgos, otros los subraye, otros los modifique, otros los haga desaparecer, otros los muestre públicamente, otros los exagere… Porque pese a que la intersexualidad y el continuo de los sexos nos ayudan a entendernos y valorarnos en la diversidad existente, hay quienes siguen explicando la realidad de mujeres y hombres desde aquel esquema dimórfico y su efecto O. Confundiendo sistemáticamente los sexos con los modos a través de los cuales éstos se expresan en la tediosa línea de las mujeres tal, los hombres cual y viceversa ¿hasta cuándo la misma cantinela?

Algunas trampas

Y nos cuelan trampas cotidiana y constantemente. Trampas que insisten en:
Imponer el criterio externo sobre la experiencia subjetiva: tú eres hombre o mujer porque yo lo digo. Yo matrona, yo genetista, yo endocrina, yo político, yo carnicero, yo profesora, yo abuela, etc.
Jerarquizar unas formas de ser mujeres y hombres frente a otras: esto sí que es un hombre como dios manda; Esta es una mujer hecha y derecha; Así es un hombre de verdad; etc.
Determinar lo que debemos ser, hacer, tener para ser un hombre o una mujer de verdad: tienes que quitarte esto, ponerte aquello, comportarte así, vestirte de esta forma…

Generando con todo ello un malestar en todos los hombres y todas las mujeres, que será mayor cuanto mayor sea la distancia entre lo que son y lo que se pretende que deben ser.

Precisamente es en un momento de vuestras biografías cuando llegan vuestras hijas e hijos y, utilizando esa capacidad que nos da la condición humana, utilizando la palabra, se nombran. Y, cuando lo hacen, se saltan radicalmente las “normas de la dicotomía” y os mueven el suelo bajo los pies.

Muchas posibilidades

El ocaso de los genitales en el amanecer de los sexosEs en ese movimiento cuando, a través de ellos, por primera vez conseguís atisbar el sexo más allá de los genitales. Y os dais cuenta de lo difícil que resulta salir de ahí. De cuánto cuesta conseguir que, incluso los más cercanos, lo hagan. Y de cómo hay una resistencia numantina para que se siga tapando el sexo con los genitales. Incluso, pasando por encima de la vivencia de estos hombres y mujeres.

Y para apoyar a vuestras hijas e hijos (que es muy diferente de tratar e incluso intervenir) necesitaréis a diferentes profesionales con sus diferentes herramientas. Herramientas que serán útiles en tanto que sean reclamadas por vuestros hijos e hijas, pues son ellos y ellas el epicentro, marcando el ritmo y las necesidades.

Necesidades de sexuación, de relación, de sentirse coherentes y auténticos. Semejantes a unos y diferentes a otros, de poner en juego los hombres y las mujeres que sienten ser: en el colegio, en el barrio, en la panadería, en el equipo de fútbol, en el grupo de baile, en la biblioteca, en el centro de jóvenes, en el campamento, en el autobús, en el mercado, en la piscina, en la consulta del médico, en la clase de trompeta, en la peluquería, en el club de ajedrez y en el centro comercial.

Por ello se irán creando muchas relaciones con muchos profesionales de muchas ramas y en muchos contextos. Y cada una de estas relaciones se convertirá en una posibilidad de favorecer un sentimiento de satisfacción por ser los sujetos las chicas y los chicos que son y que organizan su vida desde lo que sienten ser o de contribuir al malestar por su peculiar manera de ser y estar en el mundo: con cada profesor y profesora, con el panadero, con la médico, con el monitor, con el entrenador, con la chófer del autobús escolar, con la carnicera, con la cajera, con la bibliotecaria, la técnico de limpieza del centro juvenil, con la orientadora laboral, con el profesor de inglés, con la monitora de la granja escuela, con el bedel, etc.

En este sentido, éste es uno de los mayores apoyos que les podéis brindar: trabajar para que no solo los y las profesionales de la medicina y de la escuela tengan conciencia de su papel en el bienestar de vuestras hijas e hijos.

Que en esto tienen responsabilidad (léase, oportunidad) quienes cada día, cada semana, cada mes… entran en contacto vuestros hijos e hijas. Quienes, de una u otra manera, les trasladan sus ideas de lo que es una mujer o un hombre y, por tanto, les devuelven la imagen de las mujeres y los hombres que son.

Porque cuanta más gente pueda ver el bosque del sexo a pesar del árbol de los genitales, significará más posibilidades de sentirnos auténticos y valiosos desde lo peculiares que todos somos.

Supondrá, así mismo, dedicar menos energía para conseguir que seamos como y lo que otros han determinado que debemos ser y más tiempo para cultivar quienes somos, valorando la gran riqueza que supone ser tan diversos. Esta es la vía que proponemos y promovemos desde esta sexología.

Almudena Herranz Roldán y Samuel Díez Arrese

Bibliografía general:
Amezúa, Efigenio (1999). Teoría de los Sexos: la letra pequeña de la Sexología. Revista Española de Sexología, 95-96, Madrid: Instituto de sexología Incisex.
Amezúa, Efigenio (2003). El sexo: Historia de una idea. Revista española de sexología, 115-116, Madrid: Instituto de sexología Incisex. (Publicación completa en pdf).
Amezúa, Efigenio (2006). Sexologemas: cuando los genitalia no dejan ver el sexo. Revista española de sexología, 135-136, Madrid: Instituto de sexología Incisex.
Martínez, F. (1998). ¿Qué es ser mujer? Algunos conflictos en torno a la identidad femenina. Revista española de sexología, Nº 98, Incisex, Madrid.

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Acerca de Almudena Herranz

Profesora del Máster en Sexología del Instituto de Sexología Incisex y la Universidad de Alcalá de Henares. Co-coordinadora del programa de Sexología Avanzada. Co-fundadora del Centro Sexológico SEXORUM, cooperativa de iniciativa social. Responsable del área de investigacióny formación. http://www.sexorum.org/ ; http://www.sexologiaenincisex.com/ ; https://sexologiaenredessociales.wordpress.com/ ; Contacto: aherranz@sexorum.org
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