Cómo saber si necesitas un poco más de sexo

La ciudad de los seres cortados

“Los seres cortados”. Efigenio Amezúa y Nadette Foucart http://tinyurl.com/ohv7asc

Quienes hemos estudiado sexología, al menos ésta, nos encontramos muchas veces ante situaciones que nos llevan a pensar: “qué bien vendría aquí un poco más de sexo”.

Los ejemplos de esta carencia de sexo son tan abundantes que aparecen por doquier: políticas públicas, sistema educativo, sanitario, medios de comunicación, movimientos militantes, conversaciones de bar, amistades, familia, etc. La intención, pues, no será ponerlos todos sino algunos de los más representativos. Para empezar, estos cinco:

Cuando se confunde sexo con follar

Y, fruto de ello, se usan como sinónimos. Así, puede llegar a suceder que alguien pinche en estos titulares previendo que se abordará otro tema. Por ejemplo, “cómo saber si necesitas follar un poco más”. Lo que no deja de ser un poco sorprendente si pensamos que las cuestiones del follar generalmente se organizan más desde la apetencia que desde la necesidad. En todo caso, se sitúa la primera pues, en la actualidad, pensar que sexo es follar resulta una de las confusiones más extendidas.

Cuando se usa el adjetivo sexual para hacer referencia a otra cosa que no sea lo que significa. Esto es: “relativo a los sexos”

Mediante el ejercicio de adosar este adjetivo a cualquier cosa menos a su significado real, se han ido sustituyendo otros términos que ya no están “de moda” y que, curiosamente, hacían referencia a cuestiones que, por lo general, tienen poca o ninguna centralidad en el concepto de sexo. Algunos de ellos son: amoroso, ardorosa, bestiales, carnal, concupiscente, de fornicación, deshonesto, erótico, excitativo, fogoso, gámica, generativo, genital, hedónico, humano, impúdico, indecente, indecoroso, inmoral, íntimas, lágnico, lasciva, libertino, libidinoso, lúbrico, lujurioso, obsceno, orgásmico, pasional, pornográfico, procaz, rijoso, salaz, sensual, venéreo, vicioso, voluptuoso, etc.
Con ello, no sólo se está logrando falsear el concepto moderno de sexo sino que, además, se está perdiendo capacidad de pensamiento y razonamiento en la medida en que el lenguaje se empobrece y limita. En estos casos, un poco más de sexo (y por qué no decirlo, también un poco más de vergüenza) vendría muy pero que muy bien.

Cuando se sigue diciendo alegremente padres, madres, hijos o hijas biológicas/os

¿Alguien conoce a un hijo o a una madre que no sea un ser biológico? ¿Acaso de metal o plástico? Resulta obvio que se hace para distinguir a quienes son “de sangre propia”, de quienes no. Con ello se han establecido algunas jerarquías entre “los de primera y de segunda”, “los reales o de verdad y los adosados o postizos”. Y qué duda cabe de que hay quienes se manejan todavía en esos parámetros, que suelen producir vivencias, digamos, no muy felices.
El concepto de sexo nos ayuda a plantear una alternativa, pues justamente nos indica que somos sujetos biográficos y, por ello, todos los hijos, provengan por la vía que provengan (gestación propia, subrrogada, se aporte un gameto propio o no, adopción, reorganización familiar, etc.), son biográficos.

Cuando se piensa, dice o plantea que un hombre embarazado o gestante es antinatural

Aquí vemos cómo se mezcla y confunde la función del sexo (que posibilita la sexuación) con la función generativa (que posibilita la gestación). En efecto, si la confusión de sexo con follar está muy extendida, no lo está menos la de sexo y generación. Como sucedía antes, sexo y generación son dos cosas y no la misma llamada de diferente manera.
El concepto moderno de sexo nos permite entender, sin el rápido recurso a la patología, cómo es eso de que haya hombres con vulva (y vagina, cérvix, útero, trompas de falopio ¡y hasta ovarios bien puestos!) y mujeres con pene (y escroto cerrado, próstata, vesícula seminal, conductos deferentes y testículos bien puestos). Y cómo esto es posible por el hecho de que somos sexuados y no podemos no serlo. Un hecho de diversidad.

Cuando se dice que las pocas o muchas ganas de follar es un trastorno o un desorden de algún tipo

Poco importa si llevas unos meses de asco o estás más aburrido que un hongo. Tienes que tener ganas de follar. Ni muchas ni pocas: las justas, recuerda. ¿Cuántas ganas son ésas exactamente? Nadie lo dice. Tampoco si tus gustos y disfrutes van por otros lados que no sean “eso”, o sea, hacer cosas con los genitales excitados hasta orgasmar.
Uno de los grandes beneficios que trae consigo el concepto moderno de sexo es que nos pone en contacto con nuestros deseos (que son nuestros y de nadie más) y lo que apetece (sea esto lo que sea) y no ya con los deberes, las funciones o las obligaciones establecidas desde fuera.

En este sentido la cosa es clara: quienes estudiamos los sexos, o sea sexología, vemos que, por lo general, con más sexo la gente se encuentra más a gusto. Tanto consigo misma como con el resto. Es por ello que, además de ser, tener y hacer más lo que nos gusta y apetece, con un poco más de sexo resultamos más convivenciales. Pasa del morbo y estudia sexología.

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Acerca de Samuel Díez Arrese

Profesor del Máster en Sexología del Instituto de Sexología Incisex y la Universidad de Alcalá de Henares. Co-coordinador del programa de Sexología Avanzada. Blog: https://sexologiaenredessociales.wordpress.com/
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